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	<title>Liz Durand</title>
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	<description>Página personal de Liz Durand Goytia</description>
	<pubDate>Tue, 09 Oct 2007 21:11:14 +0000</pubDate>
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		<title>La columna que no deja dormir</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Oct 2007 21:09:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Por las noches, muchas noches en que no puedo dormir últimamente, invento concentrarme para quitarme el dolor, que es lo que me impide conciliar el sue&ntilde;o y para enderezarme la columna. Sí, no tengo nada que perder, están todas o muchas de las horas nocturnas para que las ocupe con alguna cosa.Entonces según yo me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Por las noches, muchas noches en que no puedo dormir últimamente, invento concentrarme para quitarme el dolor, que es lo que me impide conciliar el sue&ntilde;o y para enderezarme la columna. Sí, no tengo nada que perder, están todas o muchas de las horas nocturnas para que las ocupe con alguna cosa.<br />Entonces según yo me concentro y visualizo mi columna toda chueca como la he visto en las radiografías y me pongo a darle mantenimiento. Con una brocha fina le voy quitando el polvo del tiempo a cada vértebra, minuciosamente. Juego a que las dejo relucientes y a veces hasta les pongo gotitas de aceite para que estén perfectas.<br />Luego le doy un masaje a todo lo largo para que se enderece. Ahí me tardo más. Donde más dolor tengo en en lo que llamamos la rabadilla, de modo que en esa zona insuflo calor con el aliento. Imaginariamente como todo lo demás porque de otro modo yo creo que ni el más picudo yogui podría hacerlo.<br />Cuando echo el aliento como hace Alex en mi cuerpo si no me puedo calentar en el invierno, al rato empiezo a sentir una vibración tibia en la piel y en los músculos o lo que sea que tengamos ahí. Y con eso me llega la sensación de consuelo que necesito para poder dormir, pues a esas alturas estoy más relajada que al ir a la cama.<br />Pero no siempre puedo concentrarme. A veces el dolor es tan intenso que todo el tiempo tengo la sensación de que mi columna está tan tensa que se va a quebrar, y un nudo en la garganta que me provoca llorar por cualquier cosa y enojarme igual. A veces me sube a los ojos un ardorosa amargura que me hace sentir como un desecho y mis lágrimas son oscuras como granos indeseable. Pero también vergonzantes. Me da verg&uuml;enza saber que me siento tan mal cuando otros saben con certeza que tienen cosas peores&#8230; Pienso en mi enfermedad y pienso que quizá me ahogue en el vaso de agua, pero el dolor es real&#8230;<br />Alex dice que tengo que hacer arreglos con mi cuerpo para tenerlo en paz, averiguar por qué me manda esos mensajes que por tiempos me tienen extenuada. Y lo intento pero no logro llegar hasta el meollo del asunto, ni siquiera buscando en mi ni&ntilde;ez.<br />Si ahí estuviera, detrás encontraría la presencia de mi padre, se&ntilde;or y dador de todas las desgracias que nos acontecieron. Quizá en su fondo mi corazón lo sabe pero como de todos modos ha perdonado, quizá no haya razón para entrar en esos detalles como dagas.<br />No lo sé. Mi padre ahora vive enfermo y solo, asistido por otros dos hermanos míos y yo a distancia y vaya que no puede quejarse porque es increíble que pueda cosechar cuando jamás sembró cosa alguna que no fuera miedo y odio.<br />Pero ese sí que es otro capítulo, un cofre sellado donde reposan los restos de aquellos sentimientos que atormentaron mis días por mucho tiempo. Son polvo, sólo eso, pero por si las dudas no lo quiero alborotar: después de todo, aún podría provocarme alguna alergia&#8230;
</p>
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		<title>De nuevo grave</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Oct 2007 20:03:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Ahora sí estoy escribiendo con las lágrimas. Me aterra que Héctor haya vuelto a terapia intensiva después de la operación. Que está reteniendo líquidos y que está comprometido el corazón.Pero su corazón es fuerte, es una bomba que ha hecho circular el amor y la amistad entre quienes hemos tenido la suerte de conocerlo y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Ahora sí estoy escribiendo con las lágrimas. Me aterra que Héctor haya vuelto a terapia intensiva después de la operación. Que está reteniendo líquidos y que está comprometido el corazón.<br />Pero su corazón es fuerte, es una bomba que ha hecho circular el amor y la amistad entre quienes hemos tenido la suerte de conocerlo y quererlo. Su corazón es de los que no se rinden y su ánimo es todavía mejor.<br />Nosotros, los que estamos a su lado de alguna u otra forma, somos los débiles, los miedosos. Porque pensamos en lo que pasaría si él claudicara, si decidiera que se cansó de tantos tubos y dolores, si pensara que no pasa nada si se deja llevar&#8230;<br />Desde mi corazón apachurrado por el miedo pido a Dios que le siga dando fuerza para que el día menos pensado volvamos a encontrarnos frente a una taza de café regalándonos sonrisas y cari&ntilde;o, recordando muchos buenos tiempos, confirmando una vez más una promesa tácita que hicimos para no pasar el resto de la vida con nuestros corazones separados.
</p>
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		<title>Héctor Hernández Ruy</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Oct 2007 17:51:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	No imaginaba que el silencio ante mis mensajes al celular y al correo de Héctor obedecieran a la peor causa: estar internado en el hospital. Su yerno vio mis mensajes y me avisó desde el correo de Héctor que él se encontraba delicado por padecer una neumonía. Luego las cosas se complicaron y sin que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>No imaginaba que el silencio ante mis mensajes al celular y al correo de Héctor obedecieran a la peor causa: estar internado en el hospital. Su yerno vio mis mensajes y me avisó desde el correo de Héctor que él se encontraba delicado por padecer una neumonía. Luego las cosas se complicaron y sin que sepa yo claramente en qué consiste su problema, estoy enterada de que lo operaron del pulmón este fin de semana, que está en terapia intensiva y que estamos esperando que lo llevan hoy a piso.<br />No es fácil imaginarlo a él enfermo: siempre activo, energético, vital y sano, nos daba la vuelta a todos los &quot;jóvenes&quot; que hemos pasado por montones de consultas con médicos especialistas y hospitales. Y de alguna manera nos acostumbramos a que la enfermedad y la edad le hacían a Héctor lo que el viento a Juárez. Por eso es tan difícil pensarlo adolorido y solo en un cuarto de hospial, en terapia intensiva, con tubos o sondas o conexiones.<br />Por eso mismo, mis hijos y yo nos hemos mantenido con una oración por su salud, y estoy segura de que hay mucha gente más haciendo lo mismo, y que por eso ha podido superar su cirugía de pulmón y aunque está en terapia intensiva todavía, tenemos confianza en que pronto estará en su habitación.<br />La vida de Héctor, con todo y sus azares, se reduce a una sola cosa: bondad. Es uno de esos hombres a quien de inmediato calificamos como &quot;bien nacido&quot;, de honor, de palabra, sin dobleces y sin sombra de maldad. Fue un ejemplo muy valioso para mis hijos en su infancia cuando hizo parte de la función del padre que no tenían, y para mí el mejor de los maestros. Circunstancias de la vida provocaron que nos separáramos no sin dolor, pero superada la herida regresamos al oasis que siempre proporciona la amistad y continuamos al tanto de nuestras vidas a pesar de las distancias. <br />Merece lo mejor, merece todo. Desde aquí unas pobres letras que llevan la intención de hacer un retrato breve y fiel de lo que es un gran ser humano, con cari&ntilde;o.
</p>
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		<title>El recuerdo en las palabras de Paola</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Sep 2007 18:55:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	Hoy se cumplen 22 a&ntilde;os del Terremoto de 1985 en el Distrito Federal. En todos estos a&ntilde;os nunca he escrito nada sobre el tema, sobre lo que viví. No es algo que me sea grato recordar, si acaso porque justo minutos antes del primer temblor yo abría mis regalos de cumplea&ntilde;os, el número 7.Recuerdo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Hoy se cumplen 22 a&ntilde;os del Terremoto de 1985 en el Distrito Federal. En todos estos a&ntilde;os nunca he escrito nada sobre el tema, sobre lo que viví. No es algo que me sea grato recordar, si acaso porque justo minutos antes del primer temblor yo abría mis regalos de cumplea&ntilde;os, el número 7.<br />Recuerdo que esa ma&ntilde;ana, 19 de Septiembre de 1985, era un día de escuela, después de la alegría de los regalos, alistada ya para la escuela, ibamos de salida, no recuerdo quién abrió la puerta de la casa, ya para salir, cuando empezó el primer temblor, eran las 7 y algo de la ma&ntilde;ana, la vecina también estaba parada en su puerta y recuerdo que le decía a mi mamá que se agarrara del marco de la puerta, yo escuchaba a mi perrita Chiquis rascar la puerta del patio como desesperada, yo fuí por ella. Esperamos a que todo dejara de moverse. Vivíamos en el cuarto y último piso de un edificio en una unidad habitacional. Cuando todo quedó quieto, pudimos bajar las escaleras. Cuando nos subimos al coche prendieron el radio para tratar de averiguar algo, pero nada, ni una se&ntilde;al; había un poste que se movía de un lado a otro. En el camino mi mamá resolvió que no iríamos a la escuela y que mejor nos iríamos a casa de mi bisabuela, que vivía en la colonia Roma, una de las más afectadas. En el trayecto de mi casa a la Roma, recuerdo haber visto un montón de gente observando hacia arriba afuera de un edificio que estaba inclinado. Escuchaba sirenas&#8230;Cuando llegamos a casa de mi bisabuela, ya estaban ahi otros familiares. Afortunadamente, al edificio donde ella vivía no le había pasado nada, a pesar de lo viejo que era. En el transcurso del día fue llegando toda la familia, ya en la tarde recuerdo que todos estaban preocupados porque faltaba una tía, y no había teléfonos funcionando. Después de horas llegó sana y salva. Resultó que el temblor la agarró en el metro, y tuvieron que caminar por el andén hasta la siguiente estación. Los días siguientes recuerdo que mi mamá y un tío decidieron ir a ayudar a los damnificados. También había un olor putrefacto en algunos puntos de la ciudad. Recuerdo que iban llevando los cuerpos a estadios por la cantidad, además de que nadie sabía quiénes eran ni nadie los reclamaba.
</p>
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		<title>Última de Memorial</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Sep 2007 18:49:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	Cuando me regresó la voz, fue precedida por un llanto involuntario. Quiero decir que lloré sin darme cuenta. Llegué a la casa y en automático encendí el televisor. Pero estaba sucediendo el hallazgo de los ni&ntilde;os que ahora llamamos del milagro, y estaba a punto de salir a cuadro la primera imagen de una criatura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Cuando me regresó la voz, fue precedida por un llanto involuntario. Quiero decir que lloré sin darme cuenta. Llegué a la casa y en automático encendí el televisor. Pero estaba sucediendo el hallazgo de los ni&ntilde;os que ahora llamamos del milagro, y estaba a punto de salir a cuadro la primera imagen de una criatura recién nacida, rescatada de las ruinas después de una semana. Yo miraba eso cuando entró mi marido y me dijo &iquest;Por qué lloras?<br />Aquello era la esperanza, ver que no había sido la crueldad absoluta aquel sismo. Y quizá para todos fue un símbolo de fuerza que necesitábamos con desesperación para seguir transitando por esos días difíciles.</p>
	<p>Sí, por mucho tiempo me temblaron el estómago y la voz al hablar del terremoto. Hace veinte a&ntilde;os que ocurrió, y ahora, mientras escribo, percibo restos de ese nudo ciego que me dejó por dos semanas sin hablar en esos días. Ninguna imagen, ningún ruido, ni una sola voz de las que oí entonces, han desaparecido.</p>
	<p>Cuando un texto mío fue seleccionado por La Jornada para ser incluido en el libro del Memorial del 85, todavía no podía escribir gran cosa sobre aquello. Nunca supe cómo&nbsp; fui seleccionada. Cuando se hizo la presentación del libro acudió mucha gente. Varias de las personas se presentaron en sillas de ruedas o con prótesis. Y esa noche cayeron sobre nosotros, a manera de bálsamo y en comunión, las lágrimas. </p>
	<p>Éstas son mis primeras letras, más extensas pero siempre cortas, para explicar un poco aquellos días, después de veinte a&ntilde;os.</p>
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		<title>Memorial III</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Sep 2007 18:48:13 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[	Me dirigí caminando hasta donde vivía mi abuelita y donde había dejado cuidando a mis hijos. Llegué cuando comían. No quise nada, me fui a acostar un rato. Le pedí a uno de mis hermanos que me acompa&ntilde;ara por la tarde porque había que tender colchones. Caminamos de vuelta y encontramos más gente, menos espacio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Me dirigí caminando hasta donde vivía mi abuelita y donde había dejado cuidando a mis hijos. Llegué cuando comían. No quise nada, me fui a acostar un rato. Le pedí a uno de mis hermanos que me acompa&ntilde;ara por la tarde porque había que tender colchones. Caminamos de vuelta y encontramos más gente, menos espacio dónde colocarla. Ahora había que dar cobijas y cepillos de dientes, aconsejar a las personas para conservar la higiene de los ba&ntilde;os, tratar de no separar a las familias cuando había que buscarles un espacio para que pasaran ahí la noche.<br />Y todo sin hablar, sólo escuchando: que todavía oigo gritos, que mis hijos quieren sus juguetes, que me acababan de entregar el departamento&hellip;</p>
	<p>Y cuando al fin conseguí ponerme en contacto con mi jefe, recibí instrucciones de presentarme en la oficina. No había paso: en el centro había muchos edificios derrumbados, y yo trabajaba en Palacio Nacional. Me dieron salvoconducto del ejército para poder pasar, la zona estaba cercada. La Catedral estuvo en esos días muda como nunca y el reloj de la Torre Latinoamericana no sonaba. Eran sonidos que habían entrado en la costumbre y aún asíeran siempre esperados. La oficina de uno de los jefes estaba apuntalada y no teníamos luz en varias partes. No se podía usar la cafetera y comencé a llevar un termo con café. En los ba&ntilde;os no había agua. Nos daba miedo preguntar a los demás cómo estaban. </p>
	<p>Los teléfonos ya estaban funcionando y tenía yo instrucciones de anotar todas las solicitudes de ayuda. Y entonces era enterarme que unos no sabían en dónde presentarse a trabajar porque se derrumbaron las oficinas; otros solicitaban apoyo para guardar en bodegas los muebles que rescataron de sus casas; otros necesitaban ayuda para trasladar a sus muertos a sus lugares de entierro, o velatorios o ataúdes.&nbsp; Así por días, y en el zócalo un hedor terrible y muchas tiendas de campa&ntilde;a. Y yo sin voz, con el sólo nudo apretándome las tripas, la garganta, el corazón. Y la falta descanso, porque con el sue&ntilde;o ahorcado no se puede dormir. Y cuando uno dormitaba en esos días, se despertaba bruscamente porque había sentido, clarísimo, que se movía la tierra, que todo daba vueltas. En mis sue&ntilde;os había incendios, helicópteros desplomados, aguaceros. No temblores.</p>
	<p>En la unidad habitacional donde vivía, las personas dormían en sus autos en la zona de las canchas o alrededor de los parques. Las familias dormían en un solo lugar, todos juntos. Nosotros no salimos de la casa porque mi marido, ingeniero civil, me dio su palabra de que el edificio era seguro. Pero ahora me arrepiento de que no nos quedáramos juntos en un cuarto, por más que fueran peque&ntilde;os y sin una cama grande.</p>
	<p>Los taxistas relataban historias espeluznantes de cosas que habían visto: cueros cabelludos que se desprendían de las cabezas de cadáveres que rescataban, medallitas entre los escombros, cuerpos que al ser trasladados se desbarataban. Y las campanas de Catedral igual que yo de mudas.</p>
	<p>Me presentaba a trabajar cruzando por el centro como si fuera un planeta destruido del que no se sabe nada. Me recuerdo en esos días como una especie de zombie que hacía sus tareas en estado de sonambulismo: las quejas, los llantos, las solicitudes de tanta gente que al otro lado del teléfono estaba desesperada, rebasada. Me recuerdo escuchando las cifras de los muertos, que se incrementaban a cada momento. Recuerdo las instrucciones que le dieron a mi jefe: a la prensa hay que decirle un diez por ciento. Nunca entendí por qué pensaban que la magnitud de la tragedia era ocultable, por qué creían que con la sola &ndash;mala- voluntad podía bajarse el número de muertos.&nbsp;</p>
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		<title>Memorial II</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Sep 2007 18:42:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	Más tarde, tomar la decisión difícil: ayudar, y en dónde. Ví a un jefe de la oficina donde yo trabajaba pidiendo ayuda para el albergue en que se convirtió el club deportivo de la Secretaría de Hacienda. Listo: me dirigí hacia allá con una escoba en mano. El licenciado había dicho que no había quien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Más tarde, tomar la decisión difícil: ayudar, y en dónde. Ví a un jefe de la oficina donde yo trabajaba pidiendo ayuda para el albergue en que se convirtió el club deportivo de la Secretaría de Hacienda. Listo: me dirigí hacia allá con una escoba en mano. El licenciado había dicho que no había quien barriera y que se estaba juntando la basura. En secreto me pegué una etiqueta en el chaleco, por la parte interna, con mis datos: nombre, dirección, teléfono. Todos sabíamos que iba a volver a temblar. Y todos teníamos miedo.</p>
	<p>Para llegar tomé un taxi. Para llegar es un decir, no había manera. La colonia Roma parecía destruida por completo. Le expliqué al taxista que me dirigía a dar ayuda. Él dijo que su corazón de pollo no le permitía estar cerca de tanta desgracia, que con sólo ver la televisión lloraba y su esposa se burlaba. Y su manera de ayudar fue acercarse lo más posible al albergue y no cobrar la dejada.</p>
	<p>Al comenzar a barrer procuraba tener la mirada en el piso. Evitaba observar a las personas que habían ido llegando. Pero no podía dejar de escuchar tantos fragmentos de conversación, como si ni siquiera eso, las conversaciones, hubieran podido escapar de ser fragmentos. Y entonces oía que tantos se habían quedado todos en su departamento cuando cayó el edificio, que un ni&ntilde;o caminaba todo vestido de polvo preguntando por su madre, cargando sus cuatro a&ntilde;os por encima de los escombros sin saber qué había pasado. También tuve que hacerme a un lado cuando entró a toda prisa un grupo de socorristas llevando a una anciana en la camilla, en el momento exacto en el que le daba un infarto. Se gritaban instrucciones unos a otros, le aplicaban algo en la vena, alguien llevaba al vuelo una bolsa de suero, alguien decía que ya no respiraba y yo me despegaba del suelo, me echaba a volar con el zumbido de mis oídos, me escondía tras la respiración que se hacía más agitada y me alarmaba cuando desde allá, en el fondo de mi cabeza, como una voz muy débil, mi conciencia me decía que no podía desmayarme yo también ahí, que sería estúpido, que había ido a ayudar, que no podía estorbar. Entonces me recompuse, tomé en mis manos palpitaciones y zumbidos, respiré hondo con todo y el dolor de pecho y me alejé hasta el extremo más lejano para empezar a barrer de nuevo. Cada que terminaba todo aquel perímetro, tenía que comenzar otra vez. Luego me turné la escoba con las charolas de comida: un recorrido barriendo y el siguiente repartiendo tortas y líquidos. Cuando quise ayudar en la cocina lavando trastes, me echaron fuera por lenta. Así hasta que sentí que tenía que salir un rato de ese mundo que me rebasaba, que me pesaba como una bolsa de pus.</p>
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		<title>Memorial del 85</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Sep 2007 18:19:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	Esto va a ir por entregas porque es un poco extenso. El día del terremoto nos dejó marcados para siempre, y estas letras son la muestra.
	Son las horas cercanas al octubre. Las horas de la noche, la soledad, el calor que me derrite y agobia. De enfermedad interminable y reciente que me deja un cuerpo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Esto va a ir por entregas porque es un poco extenso. El día del terremoto nos dejó marcados para siempre, y estas letras son la muestra.</p>
	<p>Son las horas cercanas al octubre. Las horas de la noche, la soledad, el calor que me derrite y agobia. De enfermedad interminable y reciente que me deja un cuerpo azorado, débil, cercano ya a lo viejo.</p>
	<p>Son horas en las que estuve cercana a los recuerdos del 85 en el DF. Cuánta pena revivimos en los memoriales de la televisión, en la emisión especial de la W con las narraciones de Zabludowsky. Inolvidables primero aquellas sacudidas que nunca habíamos sentido, la imagen repentina que pasó veloz por mi cabeza en la que había una torre &ndash;desconocida- rompiéndose y cayendo. Héctor dijo que fue imaginación, yo sé que no. La ví, lo sé porque jamás, en ningún temblor, me había pasado. Creo que fue sólo la imagen de todo lo que se rompía, no fue el retrato de una torre que cayó.<br />Y después los días aquellos con edificios llenos de goterones, con las plomerías destrozadas, escurriendo su sangre transparente sobre los muros vencidos y las cosas que ya no tenían razón de ser: fotografías, vajillas, ropas&hellip; días en los que se me asustó tanto la voz que no salió de mi garganta en dos semanas. Un nudo ciego me tenía cercada con amargura. Un nudo que no podía saber si estaba en el estómado, en la boca o en el corazón. Y como un instinto primitivo, lo único que sabía era que tenía que ayudar, tenía que hacer algo por ellos, los que en verdad sufrieron, los que en verdad perdieron.<br />Aunque perdimos todos.</p>
	<p>Después de ver que en mi familia poco a poco nos concentramos en el departamento de mi abuela, luego de estar en ascuas angustiosas porque no aparecía mi tía Cristina; de recorrer tramos enormes de ciudad para llegar a la casa de mi buely, de intentar y volver a intentar hasta lograr una llamada telefónica; luego de varias horas abrir la puerta y encontrarme con los ojos más grandes y asustados, los de mi tía Cris que iba en el metro y tuvo que cruzar la ciudad viendo hoteles y personas derribadas, guardadas ahí, en sus ojos, para que yo las viera nomás al abrir la puerta, suspendidas de sus lágrimas sustitutas de palabras.<br />Y luego a comprar pilas, a buscar un radio portátil, el de Coques con forma de mariquita que serviría para escuchar las interminables listas de desaparecidos, las recomendaciones para que no saliéramos, los consejos para surtirnos de víveres, los avisos de suspensión de clases, las solicitudes de cobijas o comida o ayuda para damnificados. </p>
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		<title>A la antigua</title>
		<link>http://lizdurand.blogsome.com/2007/09/17/a-la-antigua/</link>
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		<pubDate>Mon, 17 Sep 2007 20:22:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Los invitados fueron recibidos en casa de los Machorrro con el jardín adornado con los colores patrios. Se reunió poco más de una veintena de personas dispuestas a festejar El grito o Noche mexicana. Paola puso en las solapas y rebozos unos sombreritos a modo de recuerdo que compusimos con mo&ntilde;os y seguritos.La comida, llevada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Los invitados fueron recibidos en casa de los Machorrro con el jardín adornado con los colores patrios. Se reunió poco más de una veintena de personas dispuestas a festejar El grito o Noche mexicana. Paola puso en las solapas y rebozos unos sombreritos a modo de recuerdo que compusimos con mo&ntilde;os y seguritos.<br />La comida, llevada por las se&ntilde;oras, mexicana y sabrosa dentro de lo que cabe esperar en este lugar en donde el epazote casi ni huele y donde no se encuentran o no se conocen muchas de las delicias culinarias típicas de estas fechas en el centro del país.<br />De todos modos hubo cochinita, mole, nopales y tostadas además del pipián, el arroz tricolor y los frijoles.<br />Para el postre Paola y yo hicimos unos peque&ntilde;os cilindros de cartón forrados con papel de china y flequillos en los extremos. Adentro llevaban tostones de chocolate, un Miguelito y serpentinas. Se llamaban Sorpresas en mis tiempos y además llevaban un juguete diminuto. Los compraba en los estanquillos de la esquina y también podían contener una bolsita con pinole.<br />La música de marimba ambientó la comida y la charla hasta el momento de que la anfritriona, María, apareció con su bandera, solicitó una escolta y se dispuso a ondear el lábaro patrio mientras los invitados gritamos Viva México.<br />Vinieron los torneos de balero, que contra lo esperado tuvo muy buenos contendientes, al grado que llegamos poner en duda las habilidades como médicos, constructores, negociantes o las actividades que desarrollen además del balero los se&ntilde;ores&#8230;<br />Para las se&ntilde;oras había yo preparado mis matatenas y canicas para todos, pero por falta de una superficie adecuada no se pudo jugar.<br />Por tanto, seguimos con la lotería. Luego de intentar con varios pares de anteojos prestados para poderla cantar, pude terminar la primera ronda con el triunfo nada menos que de Alex, mi marido. Rechifla generalizada por ser pariente de la que cantaba la lotería pero se pasó a la segunda ronda&#8230;con tan mala suerte que esta vez ganó mi cartón, jugado en manos de Francisco mi cu&ntilde;ado. Esta vez el respetable exigió el recuento &quot;baraja por baraja, frijol por frijol&quot; para poner en evidencia cualquier contubernio. Al no haber dicha cosa no hubo más que recibir mi premio y en la siguiente ronda hubo premios casi para todos.<br />Luego estallaron los &quot;cuetes&quot;, unos chifladores muy llamativos que compró el anfitrión, y luego los que solamente suben y truenan poniendo a las se&ntilde;oras sin saber si taparse oídos o narices por el ruido y la cantidad de humo de pólvora&#8230;<br />En realidad fue una noche festejada casi a la antig&uuml;ita, estuvimos muy contentos y tuve suficiente batería para sostener mi fervor patrio hasta a&ntilde;o próximo.<br />Gracias a los Machorro por su feliz idea del festejo y por invitarnos. Pueden ver algunas fotos <a href="http://www.flickr.com/weblocked" target="_self" title="fotos de la noche mexicana">aquí</a>.</p>
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		<title>Sigo con la Poesía errante&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Sep 2007 20:17:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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	Poesía Errante 2
	Para los increíbles fans que tengo y que me han pedido nuevos textos en el audio, les aviso que anoche Alex y yo hicimos la grabación de la nueva entrega. Si no fuera por él, todos lo sabemos, sencillamente toda esta tecnología sería ignorada por mí. Pero ya que tengo la dicha de [...]]]></description>
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	<p><a href="http://www.mediamax.com/alexdinamo/Hosted/PoesiaErrante2.mp3" target="_self" title="Poesía Errante 2">Poesía Errante 2</a></p>
	<p>Para los increíbles fans que tengo y que me han pedido nuevos textos en el audio, les aviso que anoche Alex y yo hicimos la grabación de la nueva entrega. Si no fuera por él, todos lo sabemos, sencillamente toda esta tecnología sería ignorada por mí. Pero ya que tengo la dicha de poderla aprovechar, pues a darle. Ya me contó lo que es eso de los <em>podcasts</em> y como algunos de ustedes saben, siempre ha sido mi ilusión ser locutora de radio, así que ahora es como jugar a la comidita haciendo mi audición en casa. En esta casa que es la de todos ustedes y que se extiende por el sonido para entrar a las de ustedes y ponernos en sintonía con la poesía.</p>
	<p>&nbsp;</p>
	<p>Espero sus comentarios aquí o en mi correo. Saludos&nbsp;</p>
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