El recuerdo en las palabras de Paola
Hoy se cumplen 22 años del Terremoto de 1985 en el Distrito Federal. En todos estos años nunca he escrito nada sobre el tema, sobre lo que viví. No es algo que me sea grato recordar, si acaso porque justo minutos antes del primer temblor yo abría mis regalos de cumpleaños, el número 7.
Recuerdo que esa mañana, 19 de Septiembre de 1985, era un día de escuela, después de la alegría de los regalos, alistada ya para la escuela, ibamos de salida, no recuerdo quién abrió la puerta de la casa, ya para salir, cuando empezó el primer temblor, eran las 7 y algo de la mañana, la vecina también estaba parada en su puerta y recuerdo que le decía a mi mamá que se agarrara del marco de la puerta, yo escuchaba a mi perrita Chiquis rascar la puerta del patio como desesperada, yo fuí por ella. Esperamos a que todo dejara de moverse. Vivíamos en el cuarto y último piso de un edificio en una unidad habitacional. Cuando todo quedó quieto, pudimos bajar las escaleras. Cuando nos subimos al coche prendieron el radio para tratar de averiguar algo, pero nada, ni una señal; había un poste que se movía de un lado a otro. En el camino mi mamá resolvió que no iríamos a la escuela y que mejor nos iríamos a casa de mi bisabuela, que vivía en la colonia Roma, una de las más afectadas. En el trayecto de mi casa a la Roma, recuerdo haber visto un montón de gente observando hacia arriba afuera de un edificio que estaba inclinado. Escuchaba sirenas…Cuando llegamos a casa de mi bisabuela, ya estaban ahi otros familiares. Afortunadamente, al edificio donde ella vivía no le había pasado nada, a pesar de lo viejo que era. En el transcurso del día fue llegando toda la familia, ya en la tarde recuerdo que todos estaban preocupados porque faltaba una tía, y no había teléfonos funcionando. Después de horas llegó sana y salva. Resultó que el temblor la agarró en el metro, y tuvieron que caminar por el andén hasta la siguiente estación. Los días siguientes recuerdo que mi mamá y un tío decidieron ir a ayudar a los damnificados. También había un olor putrefacto en algunos puntos de la ciudad. Recuerdo que iban llevando los cuerpos a estadios por la cantidad, además de que nadie sabía quiénes eran ni nadie los reclamaba.
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