September 17, 2007

A la antigua

Los invitados fueron recibidos en casa de los Machorrro con el jardín adornado con los colores patrios. Se reunió poco más de una veintena de personas dispuestas a festejar El grito o Noche mexicana. Paola puso en las solapas y rebozos unos sombreritos a modo de recuerdo que compusimos con moños y seguritos.
La comida, llevada por las señoras, mexicana y sabrosa dentro de lo que cabe esperar en este lugar en donde el epazote casi ni huele y donde no se encuentran o no se conocen muchas de las delicias culinarias típicas de estas fechas en el centro del país.
De todos modos hubo cochinita, mole, nopales y tostadas además del pipián, el arroz tricolor y los frijoles.
Para el postre Paola y yo hicimos unos pequeños cilindros de cartón forrados con papel de china y flequillos en los extremos. Adentro llevaban tostones de chocolate, un Miguelito y serpentinas. Se llamaban Sorpresas en mis tiempos y además llevaban un juguete diminuto. Los compraba en los estanquillos de la esquina y también podían contener una bolsita con pinole.
La música de marimba ambientó la comida y la charla hasta el momento de que la anfritriona, María, apareció con su bandera, solicitó una escolta y se dispuso a ondear el lábaro patrio mientras los invitados gritamos Viva México.
Vinieron los torneos de balero, que contra lo esperado tuvo muy buenos contendientes, al grado que llegamos poner en duda las habilidades como médicos, constructores, negociantes o las actividades que desarrollen además del balero los señores…
Para las señoras había yo preparado mis matatenas y canicas para todos, pero por falta de una superficie adecuada no se pudo jugar.
Por tanto, seguimos con la lotería. Luego de intentar con varios pares de anteojos prestados para poderla cantar, pude terminar la primera ronda con el triunfo nada menos que de Alex, mi marido. Rechifla generalizada por ser pariente de la que cantaba la lotería pero se pasó a la segunda ronda…con tan mala suerte que esta vez ganó mi cartón, jugado en manos de Francisco mi cuñado. Esta vez el respetable exigió el recuento "baraja por baraja, frijol por frijol" para poner en evidencia cualquier contubernio. Al no haber dicha cosa no hubo más que recibir mi premio y en la siguiente ronda hubo premios casi para todos.
Luego estallaron los "cuetes", unos chifladores muy llamativos que compró el anfitrión, y luego los que solamente suben y truenan poniendo a las señoras sin saber si taparse oídos o narices por el ruido y la cantidad de humo de pólvora…
En realidad fue una noche festejada casi a la antigüita, estuvimos muy contentos y tuve suficiente batería para sostener mi fervor patrio hasta año próximo.
Gracias a los Machorro por su feliz idea del festejo y por invitarnos. Pueden ver algunas fotos aquí.

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