Privilegios
Es un momento de la tarde en el que todo parece dorado. Ha hecho calor durante el día y comienza a soplar aire fresco. Mirando la tele supe que acaba de ocurrir un terremoto en Perú, todavía no se sabe de los daños, que un hombre quedó atrapado en su auto, muy herido, y que en oriente murieron muchas personas.
Preferí dejar de ver noticias y al caminar hacia mi estudio sentí tanta paz y alegría que me sentí culplable y lo único que se me ocurrió fue pedir por todos aquellos que no estaban sintiendo lo mismo que yo. Siempre me ha gustado esa sensación de estar en mi casa, mi espacio, por sencillo que sea. Indudablemente es un oasis en donde se asienta el amor como un sol. Y mirando hacia atrás en mi vida, recordando todas aquellas veces en las que ni siquiera tenía una cama en dónde dormir o algo qué llevarme a la boca, o el frío de la humedad de mi ropa mojada porque no tenía otra para cambiarme cuando la lluvia me empapaba, apenas puedo creer en esta casa hermosa, grande y luminosa que habitamos. Y al inflamarse mi corazón dando gracias sólo puedo, de nuevo, pedir lo mismo para quienes no lo tienen.
Encima de todo, por si fuera poco, mi marido diciéndome todo el tiempo lo bonita que soy y lo mucho que me quiere. Definitivamente hoy debo resultarle odiosa a los demás…
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¡Eres hermosa y te amo y te amo y te amo!
Comment by Alex — August 16, 2007 @ 1:39 pm