Parece que no traigo todas conmigo. Ayer me dió un ataque súbito y espantoso de migraña, así nomás, sin previo dolor de cabeza sino porque el día anterior había tenido uno. Estaba en el salón de clase preparando la sesión de la tarde cuando pácatelas, un hachazo en la cabeza con un door indescriptible que me asustó por lo intenso.
Fuimos a dar a las emergencias del hospital, donde me canalizaron para aplicar medic amento contra el dolor y la náusea y me dieron una pastilla sublingual, con lo que al cabo del tiempo se tranquilió mi dolor. Pero justo cuando me iban a dar de alta, regresó casi con los mismos ímpetus, por lo que llamaron al neurocirujano, me hicieron la tomografía de rigor, me aplicaron mediina para bajar la inflamación del cerebro, para relajar los músculos, para el dolor otra sublingual y valium pa que me duermiera.
Lo cual fue imposible prácticamente, pues al cabo de cinco horas nos dieron la cuentecita de ocho mil pesos. La pregunta es cómo demonios le hace uno para gastar semejantes cantidades cuando enferma de algo que en realidad no es grave, sino crónico. No quiero pensar en que hubiera aneurismas o cosas severas, entonces sí tendríamos que quedarnos con una mano adelante y otra atrás.
Pero lo fastidioso fue que nos requirieran tarjetas desde la entrada al hospital, trámites para verificar si teníamos seguro médico y en fin, nos dio la impresión de que más que ver al paciente, ven un hermoso y quizá jugoso signo de pesos entrar a las urgencias. Eso nos asquea, pues en el restaurante igual, nos cobraron por una pequeña ensadala de pollo para llevar cincuenta pesos. Es decir, el lema es "mientras estés aquí, no dejarás de gastar". Qué lejos eso de lo que entendía yo por ética en los médicos, qué lejos de aquellos galenos que fiaban las consultas y pasaban su vida ayudando a sanar a la pobre gente y a la gente pobre. Hoy día es cuestión, como en todo, de tener dinero.
Así que nos endrogamos con la tarjeta de crédito, pero sigo pensando que no hay justicia, que es abominable esa actitud en los médicos y que ojalá hubiera más opciones para quienes no podemos sostener esos pagos para cuidar nuestra salud. Total, mi dolor de cabeza sigue aquí…